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BARTOLOMÉ LEAL

Escritor chileno de novela policial y negra. Practica la crítica de cine, cerveza, narrativa de ficción, relatos de viajes y memorias, arte africano y arte precolombino.
En «La Ramona», suplemento cultural del diario Opinión de Cochabamba, Bolivia, ha publicado desde 2005 más de un centenar de textos en sus columnas «Cuentos & Cuentistas», «Memorialistas & Viajeros» y «Feria Libre». Colaborador del blog literario Ecdótica, donde animó la columna «El Cuento del Mes». De allí salieron sus antologías Cuentos para 1 año (Cochabamba, 2012) y Cuentos para 1 año 2. Género policial (Cochabamba, 2013).

Ha publicado los libros Linchamiento de negro (novela, Santiago 1994, con traducción al inglés), Morir en La Paz (novela, Barcelona 2003; Cochabamba 2012, con traducción al alemán), En el Cusco el Rey (novela, Nuevo Milenio, Cochabamba 2007; Espora Ediciones, Santiago 2013), El caso del rinoceronte deprimido (novela corta, Nuevo Milenio, Cochabamba 2009), Pequeñas muertes negras (cuentos, Mosquito, Santiago 2009), y Memorias de un asesino en serie(folletín, Cochabamba 2012).
Cuentos suyos están incluidos en las antologías del relato policial chileno Crímenes Criollos (Mosquito 1994), y Letras Rojas (Lom 2009), en selección de Ramón Díaz Eterovic. El año 2013 publicó Historias del muñeco vudú (Planeta Sostenible 2013) y en el 2014 El arte de la parábola (Plaza de Letras).
Acaba de publicar, en clave de ficción política, El hombre nuevo (Tambo Quemado, 2015) y Blanca de negro (Espora 2015), novela policial ambientada en Kenia, África.

Nutre regularmente un blog de novela negra llamado «Bartolomé Leal al habla», en el sitio Libreros.cl.   

Acaba de publicar, en formato e-book, la novela El martirio del reverendo (Palabaristas, España, 2016) y, recientemente, ha sido antologado en El crimen tiene quien le escriba, Cuentos negros y policíacos latinoamericanos (LOM, 2016) selección de Ramón Díaz Eterovic.

Revista de Occidente reseña la antología "10 cuentos negros de autores chilenos", publicada por la editorial Nuevo Milenio de Bolivia.


El crítico Antonio Rojas Gómez hace una destacada reseña a la antología del relato negro chileno publicado en Bolivia 10 cuentos negros de autores chilenos, compilación de Bartolomé Leal. Haga click en la imagen para acceder a la fuente original.




 


Una nota de lectura del escritor panameño Osvaldo Reyes sobre Pequeñas muertes negras


El blog El sendero entre las sombras, que anima el escritor panameño Osvaldo Reyes, dedica una interesante reseña de Pequeñas muertes negras, el volumen con cuentos policiales, protagonizados por el detective de Nairobi, Tim Tutts. 

Lea la nota completa en 


BLOG EL SENDERO ENTRE LAS SOMBRAS




Bartolomé Leal, Blanca de negro


Por Néstor Ponce

Universidad de Rennes II, Francia


Amerika.revues.org

Revista electrónica de literatura latinoamericana`



1). Esta nueva novela del escritor chileno Bartolomé Leal (1946) prosigue la saga policial del detective privado keniano Tim Tutts y de su grupo de colaboradores, Karima Waweru, Joe Ndege y la secretaria Curly Negatu. Tim Tuuts es el protagonista de Linchamiento de negro (1994) y de novelas cortas como El caso del rinoceronte deprimido, Muerte de un escritor y Un askari en mi patio (2009). 


2). Leal –tal un Emilio Salgari del siglo XXI- es reconocido por sus novelas y relatos negros que proponen el conocimiento y el reconocimiento de diferentes territorios, en recorridos apasionados que son auténticos viajes culturales que van al encuentro de la alteridad. El prólogo, escrito por un tal Wilberio Mardones que parece escaparse de una ficción (“periodista y librero panameño itinerante, se mueve entre África, Chile, India, Nuevo México (EE. UU.) y su país natal”), indica con precisión y argumentos contundentes que Blanca de Negro se inscribe en la tradición del policial etnológico: 

“… se trata de la aparición en el relato de situaciones, personajes y usos propios de la ciencia etnológica; es decir, puesto en términos ultra simples, las sociedades primitivas o las organizaciones tribales” (p. 7). 

3). Este prólogo –los libros prologados constituyen una característica de la colección de la editorial Espora– se ve completado por una adenda de Eugenio Díaz Leighton, que con el pseudónimo de Mauro Yberra publica policiales escritos a cuatro manos con Bartolomé Leal. 

4). La lectura de la novela es una revelación de la sociedad keniata, de Nairobi y del interior del país ; una forma de entender maneras de pensar, ademanes para entender una sociedad multi-étnica (setenta grupos tribales, una pesada y dolorosa carga colonial, que va de los portugueses a los sultanes de Omán, hasta la ocupación inglesa, sin olvidar la inmigración hindú), al ritmo de proverbios africanos que cierran los capítulos e ilustran, como una moraleja de Samaniego o La Fontaine, una sabiduría ancestral y que a veces hace pensar también en los haïkus japoneses, por su concisión y por su encanto :

Probé la miel en la niñez y su dulzura todavía permanece entre mis dientes” (proverbio swahili) (p. 188).

5). Tim Tutts, el detective irónico, culto, pequeño, apasionado, dirige las investigaciones que le caen de tanto en tanto a su despacho de River Road. Se trata esta vez de un caso de violación de una funcionaria internacional residente en Nairobi, la chilena-norteamericana Halley Canary, atacada por desconocidos en un parque de la capital. 

6). Tres puntos pueden ser destacados en este relato. El primero se refiere a la construcción novelesca, que apoyándose en las premisas estructurales propias al relato policial (enigma, investigación, encuentro con personajes sospechosos y misteriosos, peripecias no exentas de violencia –que derivan de intereses y de tradiciones–, interrogatorios y encuentros) remite a la novela de aventuras en un cruce sintomático y voluntario. 

7). El segundo está vinculado al interés del autor por la etnología, que se manifiesta de manera sutil, curiosea por las formas de hablar, por los perfumes gastronómicos, por los paisajes alucinantes que remiten al tiempo y a la memoria y rescriben la historia africana. El ambiente tumultuoso de River Road sube a un primer plano, no exento de violencia y de injusticia, resabio de un pasado colonial doloroso, y que se exalta en un presente herido por los espejismos del turismo, la corrupción gubernamental y el menosprecio atávico de los empleados de organizaciones internacionales instaladas en el país. 

8). El tercero concierne el uso del silencio y de los tiempos muertos. Leal sabe callarse para sugerir, para interrogar al lector, para darle pistas de comprensión y de encanto. Por momentos, la intriga parece interrumpirse, flotar en una tierra de nadie que es la nuestra, la de todos. Hablando de los otros, nos hace pensar en nosotros mismos. Y nos recuerda, así, que los ataques pueden venir de cualquier parte.


Una selección latinoamericana del relato criminal


Pedro Pablo Guerrero

Artes y Letras

El Mercurio



Ramón Díaz Eterovic compila en El crimen tiene quien le escriba 23 cuentos negros y policíacos hispanoamericanos. Desde autores consagrados internacionalmente, como el mexicano Élmer Mendoza o el argentino Mempo Giardinelli, hasta el boliviano Gonzalo Lema y los chilenos Poli Délano, Sonia González, José Gai, Sergio Gómez y Juan Ignacio Colil. 




Hugo intenta escribir un cuento policial de Dashiell Hammett. Bueno, en realidad, inventarl

o. "Han

gustado más algunos de los falsos que los verdaderos", como le explica a su mujer. Teclea una historia de hampones de la época de la Prohibición. Los personajes tienen nombres italianos o irlandeses y se tratan de "nene" o "chico". La hija de su pareja lo interrumpe con una pregunta: "¿Qué son las bragas, Hugo?". Le explica que es lo mismo que una bombacha, pero que no puede decirlo así porque la historia se la encargaron de España. Corre 1983. Él, su mujer y la niña han retornado a Buenos Aires, donde todas las semanas se realizan marchas por los desaparecidos... a las que cada vez asiste menos gente. "Tendríamos que habernos quedado en Barcelona", dice Hugo mirando la hoja de papel sobre el rodillo de la máquina de escribir."Versión de un relato de Hammett", del argentino Juan Sasturain -nacido en 1945 y autor de las novelas Manual de perdedores y Arena en los zapatos , entre otras-, es uno de los últimos textos incluidos por Ramón Díaz Eterovic en El crimen tiene quien le escriba. Cuentos negros y policíacos latinoamericanos (Lom, 2016). El relato simboliza inmejorablemente el anacronismo que ya implicaba, hace 30 años, seguir practicando una narrativa criminal meramente imitativa, anclada en los modelos clásicos del género, sin considerar los nuevos contextos de producción.

Qué impostados, qué añejos suenan estos remedos, ya sea en la vertiente norteamericana hard-boiled (Hammett, James M. Cain, Raymond Chandler) o en la más antigua del enigma, llevada a su máxima expresión por los británicos Arthur Conan Doyle, Agatha Christie y G. K. Chesterton. Transplantarlas sin más a estas latitudes equivale a pergeñar las traducciones falsificadas de las que se burla Sasturain. "Copias fraudulentas de los modelos originales, versiones acartonadas de historias dúctiles, tics más que gestos", como llama el historiador Manuel Vicuña a los primeros imitadores chilenos de Sherlock Holmes en su ensayo inédito Reconstitución de escena , que Hueders publicará en los próximos meses.

Por el contrario, en las últimas cuatro décadas, la literatura criminal -según escribe Díaz Eterovic en el prólogo de El crimen tiene quien le escriba - "ha encontrado sus particularidades y se ha convertido en una expresión destacada dentro del panorama de la narrativa latinoamericana". Consultado por los cambios que percibe en el género, el autor añade:

-La narrativa criminal deja de lado su apego casi exclusivo al planteamiento de un enigma, y se abre a mostrar las razones y las condiciones en la que se desarrolla la criminalidad en Latinoamérica. Es una narrativa que expresa el pulso político y social de los lugares en los que se origina; que vincula el crimen con el poder político o económico. Y la causa está en la apropiación de lo policial o criminal como un punto de vista para mostrar, analizar, explorar la realidad latinoamericana, las huellas de las dictaduras militares, la fragilidad de la democracia, el efecto de fenómenos como el narcotráfico, y el desarrollo de una creciente marginalidad producto de sistemas económicos que generan desigualdades.

"No pretendo establecer ningún canon"

Nacido en Punta Arenas en 1956, Ramón Díaz Eterovic cumplirá sesenta años el 15 de julio. En los meses que vienen publicará la decimosexta novela protagonizada por el detective Heredia, La muerte bajo el volcán , y una novela infantil:Misterio en la Cueva del Milodón . Sus libros, que han recibido importantes premios en Chile y el extranjero, se publican en varias lenguas e ingresan a prestigiosas colecciones. En Francia se está traduciendo La música de la soledad (2014) y hay conversaciones para editar en inglés La oscura memoria de las armas (2008).

Díaz Eterovic tiene fama de ser un autor generoso, que se interesa por difundir la obra de colegas extranjeros y las nuevas voces chilenas que incursionan en el género negro, incluidas en otras dos recopilaciones de su autoría: Crímenes criollos(1994) y Letras rojas (2009). El crimen tiene quien le escriba nació de este mismo deseo. Explica por qué prefiere hablar de compilación:

-Una antología responde a un trabajo más amplio de investigación, y esta compilación la siento más como gesto de querer compartir ciertas lecturas del género que he realizado en los últimos años; ciertos cuentos y autores que son destacados en sus respectivos países, sin ser los únicos desde luego. Me parece importante destacar que no pretendo establecer ningún canon con esta recopilación. Sólo compartir un puñado de relatos, inéditos y publicados, que me parecen valiosos para sentir el pulso de la narrativa criminal en Latinoamérica.

Algunos de los cuentos reunidos en el volumen han alcanzado premios importantes, advierte Díaz Eterovic. Es el caso de "Terribles ojos verdes", del uruguayo Mario Delgado Aparaín (Premio Juan Rulfo 2001 de Radio Francia Internacional) y "Los cautivos del Fuerte Apache", del colombiano Julio Balcázar (Concurso Medellín Negro 2012). Por una cuestión de orden alfabético, este último inaugura El crimen tiene quien le escriba . Una coincidencia afortunada, porque Balcázar aborda con un estilo muy personal fenómenos tan actuales como el de los desplazados por la guerra, que terminan viviendo en la periferia de las grandes ciudades para luego incursionar en la delincuencia o integrarse a oficios tenebrosos de la seguridad del Estado.

Viene también un cuento inédito de Élmer Mendoza, "hoy en día el autor más importante del género en México", según el compilador. Mendoza es el autor de El amante de Janis Joplin (2001), novela sobre un beisbolista acosado por los traficantes, la guerrilla y la policía, que inauguró la narcoliteratura en su país. Curiosamente, en esta compilación el escritor aporta un relato ("La hermana") más cercano al misterio policial. Hasta el detective contratado para aclarar el crimen tiene un nombre clásico: Poirot.

Una de las revelaciones del libro es el boliviano Gonzalo Lema (1959). Su cuento "Elena Roth" es la historia de un ex policía que recibe el encargo de localizar a uno de los últimos nazis que se refugiaron en Cochabamba después de la Segunda Guerra Mundial. Escrito con un sentido del humor que no excluye la nostalgia ni el color local, el relato describe la impúdica corrupción de la policía -que se apropia de los autos robados en países vecinos- y el racismo que persiste en una sociedad donde los inmigrantes europeos tratan a la mayoría mestiza con desprecio evidente. Otro policía retirado protagoniza el cuento "Crimen en el puerto", del venezolano Eloi Yagüe (1957). Los sucesos ocurren en La Guaira, al final de la dictadura de Pérez Jiménez (1958). El asesinato de un adolescente homosexual en un prostíbulo conduce al inspector Meneses hasta un destructor de la Armada de Estados Unidos anclado en un muelle.

Milton Fornaro (Uruguay), Daniel Quirós (Costa Rica) y Sergio Ramírez (Nicaragua) ambientan sus crímenes en rincones de la provincia de sus respectivos países. Investigadores y autoridades judiciales deben esclarecer homicidios que perturban la monotonía del pueblo y dan pie a una fiebre de rumores. Por habilidad inquisitiva o confesión espontánea, las pesquisas descartan a los sospechosos más evidentes, pero a diferencia de las ficciones deductivas inglesas, el castigo no recae siempre en el verdadero culpable, pues todos saben que la justicia por esos lados no es ciega.

Confirman su oficio los argentinos Mempo Giardinelli ("El paseo de Andrés López"), Guillermo Orsi ("Sospechas de lo eterno"), Claudia Piñeiro ("Samantha Dubois"), Fernando López ("Tormenta en Ginebra") y el ya mencionado Sasturain. El cuento de Giardinelli es una pieza clásica de chorros porteños, que hablan empleando términos del lunfardo y respetan los viejos códigos del hampa. Orsi pone en escena a un sicario; Piñeiro al acosador de una escritora, y López a un trío de personajes esperpénticos que pretenden robar el cadáver de Borges para cobrar rescate.

-Me parece que Argentina es un foco importante que cobró nuevas fuerzas en los últimos años -dice Ramón Díaz Eterovic-. Es un país con tradición de narrativa policial, con pilares relevantes en su desarrollo y principales manifestaciones, como Borges, Rodolfo Walsh y Osvaldo Soriano.

Ajuste de cuentas

Entre los chilenos incluidos en El c rimen tiene quien le escriba hay nombres familiares y otros no tanto. Se echa de menos el de Ramón Díaz Eterovic. "En esta ocasión me pareció prudente tener cierto pudor y mantener distancias con la compilación", explica.

Lo que más destaca es la recurrencia del ajuste de cuentas como leitmotiv de casi todos los relatos. El más joven de los autores chilenos, Juan Ignacio Colil (1966), narra en "Intercambio" un encuentro de dos hombres en un solitario caserío de la costa: hay una muerte que explicar y falta parte de un botín. Coincidentemente, el relato de Poli Délano ("Adivinanzas") también enfrenta, cara a cara, a los protagonistas de un brutal episodio del pasado. Lo mismo José Gai, en "El mejor puntero izquierdo del mundo": otro ajuste, esta vez por una quitada de drogas que involucra a un futbolista en decadencia. "Vicente Pastor debe morir", de Sergio Gómez, reúne a tres viejos amigos, uno de ellos recién salido de la cárcel, que les exige venganza. Por último, una conspiración, que se salta al sistema judicial, pretende castigar la violación de una menor de edad, en el perturbador relato "Esfuerzos colectivos", de la abogada y escritora Sonia González Valdenegro.

Solo "Muerte en el campus", de Bartolomé Leal, escapa a esta tendencia, planteando, en cambio, un suicidio dudoso en una universidad privada de Chicureo. Singular es el caso de "El cansancio de Ferrada". Aunque su autor nació en Bolivia (1968), Yuri Soria-Galvarro vive en Puerto Montt desde los ocho años. Ambienta su cuento en Santiago. El protagonista es un policía que recuerda su niñez en Coyhaique mientras se dirige, con sus compañeros de antinarcóticos, a practicar un allanamiento.

El crimen tiene quien le escriba es una buena aproximación a los nuevos autores policiales de la región, pues si bien no están todos los que son, no cabe duda de que son todos los que están.





Cuento de Bartolomé Leal es incluido en El crimen tiene quien le escriba, la antología del relato policial latinoamericano que acaba de ser publicado por LOM ediciones 



La selección, hecha por el destacado autor nacional Ramón Díaz Eterovic, nos presenta un interesante panorama sobre el estado del género policial en latinoamérica. El volumen es publicado por LOM ediciones.

Nos dice la nota de la editorial: "Algunos de los cuentos siguen un estilo clásico, otros recrean los códigos de la novela negra y los hay también que son innovadores respecto a las formas de abordar la narrativa criminal. En todos los casos, los lectores encontrarán cuentos atractivos y una imagen de los territorios por los que se mueve la narrativa criminal latinoamericana. Los lectores de esta compilación conocerán historias protagonizadas por personajes que siguen las huellas de los detectives legendarios del género, y también otras, más próximas al relato negro, donde los protagonistas son seres marginales, delincuentes en algunos casos, que a través de sus vivencias nos revelan distintos aspectos de las sociedades que habitan".


Para más información haga click en LOM





Blanca de negro: el regreso de Tim Tutts


Por Ramón Díaz Eterovic

* En revista Punto Final, Mayo de 2016


Bartolomé Leal es un caso especial en nuestra literatura. Ha publicado una extensa obra narrativa, con su nombre y seudónimos, en la que destacan sus novelas policiacas y sus cuentos breves.

A su oficio de escritor ha sumado en distintas épocas los trabajos de librero, comentarista de cine y crítico de cervezas. Trabajó muchos años como funcionario internacional, lo que le permitió conocer los ambientes y las realidades de los países en los que ha ambientado varias de sus novelas: Haití, Kenia, Bolivia y Perú, entre otros. Las mayorías de las novelas de Leal se pueden analizar desde lo que se conoce como novela policial étnica, la que al decir del mismo autor, se trataría de "un tipo de narración donde los tópicos de las etnias, las razas, las culturas primitivas, la brujería, los conflictos colonialistas y similares, aparecen en el corazón mismo de la obra. Argumentos, tramas, personajes y locaciones responden a un deseo de testimoniar sobre los conflictos mayores, explícitos o escondidos, que existen en muchas sociedades marcadas por la diversidad racial, cultural y religiosa".

En 1994, Leal publicó Linchamiento de negro, novela en la que dio a conocer a Tim Tutts, detective privado que ejerce su oficio en Nairobi, capital de Kenia. Tutts es un sujeto algo cínico, con pasado diplomático y buen conocedor de los laberintos que recorre la serpiente venenosa del poder económico. Tutts es protagonista de otros tres relatos de Leal: El caso del rinoceronte deprimido, Muerte de un escritor y Un askari en mi patio; los dos últimos Incluidos en el volumen Pequeñas muertes negras (Editorial Mosquito).

Blanca de negro (Editorial Espora, 2015) trae de vuelta a Tim Tutts, quien es contratado por Halley Canary, una chilena-norteamericana que reside en Kenia, víctima de una brutal violación mientras recorre un parque de Nairobi. Canary es funcionaria de una organización internacional dedicada a la defensa de la ecología africana, y a pesar de la brutalidad del ataque recibido no recibe mucho apoyo en un medio donde la violencia contra la mujer parece ser pan de cada día. Dispuesta a desenmascarar a sus agresores, recurre a Tim Tutts y juntos comienzan a vivir una inquietante pesquisa que tiene como fondo distintas localidades de Kenia, con sus particularidades culturales y personajes que remiten a la vida cotidiana en África, a conflictos raciales y económicos; y al trabajo de algunas organizaciones internacionales que son un fiasco a la hora de solucionar problemas.

De especial interés son sus descripciones de personajes y lugares. Retratos y cuadros de gran vitalidad que Instalan al lector en una realidad que nos pareció tan desconocida como cautivadora. Como en todo relato policial, las pistas del caso que se Investiga sostienen la trama y le imponen su ritmo, sin perjuicio de que muchas veces el entorno en el que se desarrollan los hechos pasa a tener más importancia que el misterio, cosa que por lo demás es una suerte de sello de las novelas policiacas o negras que se escriben en la actualidad. Leal es un avezado constructor de tramas ingeniosas y atractivas. Sabe plantear un enigma y armar una historia convincente a su alrededor. Blanca de negro es un buen ejemplo de lo dicho. Una buena novela que se suma a otras anteriores de Leal, como En el Cusco el Rey, Morir en La Paz y Ángeles en el Kosovo.
 

Eugenio Díaz, escritor que prologa la novela, señala que "en toda la literatura de Leal hay un interés en mostrar mundos y culturas en los que el autor ha vivido y que ha estudiado ampliamente (...) En Blanca de negro hay una historia de aventuras, una crónica de viajes inteligente que no cae en el lugar común de la guía turística, y por sobre todo, una novela negra distinta, que manteniéndose dentro de las claves del género sorprende con sus giros irónicos, su matiz de irreverencia y su prescindencia de juicios morales”. A eso podemos agregar que Leal maneja muy bien sus recursos narrativos para crear una historia que permite dar una mirada a ciertos aspectos de la realidad africana de nuestros días, marcada por el racismo, el tráfico de drogas y desigualdades de todo tipo. Una situación que a la protagonista de la novela le permite decir: “Lo más lamentable es que esto ha sido aportado por lo que llamaría de escoria del colonialismo, la hez de los que llegaron al África a expoliarla y contaminarla; más las nuevas y elegantes hordas encargadas de mantener la presencia del viejo poder imperial en el continente negro. Muchos de ellos refugiados en los organismos internacionales de cooperación'. Sin duda, los casos de Tim Tutts siempre ocultan un as bajo la manga.




Bajo el sello Palabaristas Press acaba de ser publicado 
El martirio del reverendo, la nueva de Bartolomé Leal.

Disponible en formato e-book, desde 1 Euro.

El martirio del reverendoEl martirio del reverendo es una novela negra trufada con los mejores ingredientes de la narrativa de viajes y dotada de un abrasador sentido del humor. Y es que la ironía y el sarcasmo con los que Bartolomé Leal explica el funcionamiento de los organismos internacionales y el desparpajo y la deliciosa irreverencia con los que describe la vida de sus funcionarios, convierten la lectura de esta novela en una fiesta tan divertida como excitante.

Para más información haga click aquí.




El arte de la parábola
: "Un anti-libro imprescindible"
POR BENJAMÍN GALIMERI



Leí de corrido el libro El arte de la parábola. Es un libro único, casi conceptual/museal, llevado por un excelente sentido del humor que siempre falta en los escritores chilenos. Es un paseo por el lenguaje que nos invita a descubrir las parábolas que Bartolomé Leal lleva a concebir.

Son dispositivos pequeños pero ambiciosos. Me gustó el libro, los acertijos y la elusividad de la escritura. Me deja un sabor agradable y el deseo de seguir leyendo más parábolas lealianas. De alguna manera me recuerda a Georges Perec, no sé, quizás por su audacia de escribir textos lejos de las modalidades reconocidas en Francia. Aquí en Chile este mini-libro, que a propósito ya es un comentario a la rasca industria editorial de Chile, hace reflexionar de manera poderosa cuanta habla hay en Chile y el mundo.

¿Quiénes son los que llevan una paradoja escondida y no se dan cuenta?

Bueno para eso está Bartolomé Leal que hace un juego lúdico de sus propias invenciones o artefactos de una nueva modalidad de la escritura, en la que estamos todos suspendidos en el lenguaje.

Bartolomé Leal busca un camino para seducir a una audiencia imposible de detectar pero seguramente cada vez que cae en manos de alguien, esa persona ya no será la misma al finalizar este libro de la opacidad, de la otredad, donde funciona como un reloj el estilo, el hombre de letras culto, su sarcasmo violento y dulce a veces.

En algún momento sentí una especie de corriente de aire fresco que viene a sacudir nuestra opaca literatura y que Bartolomé la lleva a nuevos territorios de invención. Niño de la literatura chilena, juega con sus juguetes, los desarma y luego los vuelve a armar. Pareciera que todo es posible al leer El Arte de la Parábola, un anti-libro imprescindible.




La editorial cochabambina Nuevo Milenio acabo de publicar
10 cuentos negros de autores chilenos, selección de Bartolomé Leal.




Entrevista a Bartolomé Leal en el encuentro internacional de novela negra "Córdoba Mata"


por Augusto Dericia *


¿Por qué piensa que en la actualidad se le están dando más espacios al género policial y novela negra?


Tengo mis dudas al respecto. Me parece que el asunto tiene varias dimensiones.

Yo diría en primer lugar: no hay que olvidar que el libro es una mercancía. Un objeto que se compra y se vende. Esto rara vez es manejado directamente por los autores. Hay unas empresas llamadas editoriales, que pueden ser privadas o estatales, las cuales muchas veces definen los espacios para los diferentes tipos de literatura. Los escritores se ven obligados a responder a eso y se vuelcan a ciertos géneros donde hay mayor potencial mercantil. Muchas veces eso conspira contra la calidad porque hay autores que se apresuran a escribir sobre ciertos temas con técnicas que no dominan, o que ni siquiera les interesan. Con eso la literatura se debilita. En segundo lugar, relacionado con lo anterior, está el escenario de la globalización. Un interés por el género negro, por ejemplo, que nace en el espacio nórdico, se hace mundial e influye en el deseo de los escritores de hacerse partícipes de tal bonanza. Hay lectores fieles y otros que son cambiantes, siguen las modas. En mi país el género negro tiene pocos seguidores, no se le da mayor espacio. Eso pienso.




A raíz de estas nuevas publicaciones sobre el género. ¿Se deben replantear formas literarias de hacer novela policial y negra?

 

No me parece. Creo que el género negro mantiene viva la corriente del realismo, del naturalismo, de la narrativa estructurada. Puede haber cierta experimentación, pero a nadie le va a interesar, por ejemplo, una novela negra surrealista, donde se pierda su mayor fuerza: la expresión veraz del mundo canalla, del bajo mundo, del submundo delictual, del mundo de los ricos y famosos corruptos... Tal vez alguna espontaneidad podría ser aceptable y eso se da sobre todo en el nivel del lenguaje, cuando se recogen las hablas particulares de ciertos estratos de la sociedad que tienen que ver con el crimen. Los lectores de novela negra por lo general buscan las emociones fuertes aunque estilizadas por medio de una buena escritura, una historia atractiva, un escenario reconocible, personajes creíbles.


Uno punto de las charlas fue que los crímenes en la actualidad son cada vez más salvajes. ¿En qué ayuda al escritor estas formas de matar?


Es un punto interesante para lo cual no tengo respuesta tácita. La historia de la humanidad está llena de ejemplos de asesinatos salvajes, cometidos por personas, estados, ejércitos o creencias religiosas. Lo que hay ahora, a mi juicio, es un mayor grado de libertad para contarlo todo. Tenemos menos censuras, hay cierto respeto por la verdad. Los escritores que se ocupan de los detalles de las formas de matar o morir contemporáneas y que investigan sobre ello, tienen un amplio espacio para reflejar los actos criminales que, repito, seguramente no son peores que los que se cometían, por ejemplo, en la Edad Media con las Cruzadas, durante la conquista de América y sus genocidios, en las guerras mundiales, en las ciudades dominadas por las mafias…





Otro de los puntos de las conversaciones es que no interesa si lo policial y la literatura negra son géneros, ya que el objetivo es entretener al lector. ¿Comparte esta visión? ¿Por qué?

 

La literatura policial y negra nació como una forma de evasión para un público lector masivo, medianamente alfabetizado y alérgico a las disquisiciones sesudas, las experimentaciones literarias y otros flagelos promovidos desde el esnobismo o la academia. Todos los llamados géneros participan de esta impronta: la narrativa policial (sobre todo el cuento), la novela rosa, la ciencia-ficción, el western, el erotismo y la pornografía, entre los más populares. Ahora, dentro de cada género hay subgéneros y niveles distintos de calidad literaria. Hay autores mejores que otros. Hay libros mejores que otros. Y hay gustos también. Es un universo fascinante, incluso en sus niveles más bajos. La ciencia-ficción por ejemplo. Tiene un escritor colosal como Ballard y un modesto narrador de aventuras interplanetarias como Clark Carrados pero, al menos yo, los disfruto a ambos.

 

¿Cuál es el mensaje y objetivo del género policial?

 

Fíjese que yo creo, aunque seguramente me van a pifiar, que el género policial es un reflejo del más viejo de los temas de la literatura y el arte: la lucha del bien contra el mal. Como quiera definirlos. Los policías, por función, son los defensores del bien promovido por el estado, la aplicación de la ley. Los criminales son agentes del mal. A veces esta ecuación se trastoca y en muchas novelas negras hay policías perversos y corruptos, un estado asesino. Y a menudo un delincuente que en el fondo es un revolucionario o un idealista, un Quijote, un Robin Hood. Lo mejor es quedarse con la idea de que hay múltiples maneras de ver esa dialéctica del bien y el mal para hacer literatura. De modo que hay muchos mensajes posibles.

 

Personalmente, ¿qué fue lo que lo llevó a ser escritor y elegir este tipo de literatura?

 

Empecé siendo lector. A poco de aprender a leer cayeron en mis manos libros de Conan Doyle (Sherlock Holmes), Agatha Christie, S.S. Van Dine, Ellery Queen, Simenon (Maigret), etc. Eso creó en mí el deseo de expresarme en ese género. Pero no pude hacerlo hasta bastante mayor y gracias a ciertos personajes que conocí y que estaban pintados para aparecer en novelas policiales, fuera como detectives, víctimas, testigos o cómplices.

 

¿Por qué varias de sus publicaciones se dieron en Bolivia?

 

No tiene nada de raro. He trabajado en ese país y lo he visitado muchas veces, conservo amigos entrañables y viejos amores. La cultura andina me subyuga de modo que se dieron condiciones para que escribiera una novela negra, Morir en La Paz, que recoge muchas de mis percepciones de esa tierra y su gente. A ella siguió En el Cusco el Rey, mi segundo thriller andino. Preparo dos secuelas. La del primero se titula La venganza del aparapita y la del segundo El escriba de San Blas. Con los mismos personajes de las publicadas. Ambas esperan a un editor amable que me invite a publicarla, me pague algún adelanto para que yo pueda dedicarle tiempo sin tener que trabajar en cualquier cosa para sobrevivir  y luego haga una bonita edición de alcance internacional. Los argentinos dirían: “el sueño del pibe”.

 

En la actualidad ¿Qué historias busca contar en la novela negra?

 

Me gustaría contar la historia de "La logia de la mierda hirviendo", un trío de personajes a quienes conocí en una fábrica metalúrgica y que se dedicaban a criticarlo todo, a difamar a medio mundo, a destruir reputaciones y a espiar a la gente para perjudicarlos. Terminaron de soplones de la dictadura militar en Chile, de socios de torturadores y violadores, de mandamases de asesinos, de fascistas de guante blanco. Corresponden al estrato civil que apoyó la dictadura y que pasó desapercibido a la hora de cobrar cuentas, como que la mayor parte de los procesados han sido militares.

 

¿En qué recurso literario hace más hincapié en sus textos? ¿Por qué?

 

La novela policial y negra es sumamente exigente desde un punto de vista literario, aunque ciertos escritores de prestigio creen que es muy fácil escribir una. De hecho lo hacen pero por lo general les sale basura (a veces bien escrita) que la publicidad y la crítica mercenaria se encargan de hacer aparecer como obra maestra. Por eso y ahora respondo, yo me ocupo de todo al escribir una novela policial/negra: el protagonista, la o las víctimas, el escenario donde se desarrolla la historia, la progresión de la trama, el lenguaje del narrador y de los personajes, la forma de matar y morir, algún aspecto adicional que enriquece todo el texto, una mina fascinante al menos, una caracterización del contexto social, algún toque de suspenso etc.

 

 

Luego de compartir diálogos con colegas de distintos países ¿Qué le dejó las charlas de Córdoba Mata?

 

Disfruté mucho. Pude escuchar a los colegas y dialogar con lectores, colecté libros dedicados. Visité un par de lindos museos, gusté del locro y el mondongo. Tal vez de allí salga algún relato.

 


* Augusto Dericia nació en Córdoba, Argentina, en 1994. Es estudiante de Comunicación Social en el Colegio Universitario de Periodismo. 
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